Moody’s rebaja calificación de México y lo acerca al “bono basura”

La calificadora Moody’s rebajó la calificación crediticia de México de Baa2 a Baa3, el nivel más bajo dentro del llamado “grado de inversión”.

La decisión refleja el deterioro fiscal del país, el peso financiero de Pemex y un crecimiento económico debilitado que ya comienza a preocupar a los mercados internacionales.


México acaba de recibir una de las advertencias financieras más serias de los últimos años. La agencia calificadora Moody’s redujo este miércoles la nota de la deuda soberana mexicana de Baa2 a Baa3, colocándola a un solo escalón de perder el grado de inversión y entrar oficialmente en territorio especulativo, conocido popularmente como “bono basura”.

Aunque la perspectiva cambió de “negativa” a “estable”, el mensaje detrás de la decisión es contundente: la economía mexicana enfrenta un deterioro estructural que limita la capacidad del Gobierno para estabilizar sus finanzas públicas en el mediano plazo.

La rebaja ocurre en un momento particularmente delicado para la administración de Claudia Sheinbaum. El país arrastra un menor crecimiento económico, rigidez en el gasto público, ingresos fiscales insuficientes y una presión creciente derivada de los rescates financieros continuos a Pemex.


Pemex: el ancla que arrastra la calificación

Detrás de la decisión de Moody’s aparece nuevamente un nombre que desde hace años persigue las finanzas públicas mexicanas: Pemex.

La petrolera estatal mantiene una deuda multimillonaria y continúa dependiendo de transferencias federales para sostener sus operaciones. Moody’s señaló que el apoyo gubernamental constante a Pemex ha debilitado la posición fiscal del país y aumentado la exposición de México a shocks financieros.

El recorte llega apenas días después de cambios en la dirección de Pemex, en medio de crecientes cuestionamientos sobre la viabilidad financiera de la empresa estatal. Aunque el Gobierno federal ha defendido que la deuda de la petrolera se ha reducido en los últimos años, diversos análisis sostienen que esa disminución ha sido posible principalmente gracias a inyecciones masivas de recursos públicos.

La paradoja es evidente: mientras el discurso oficial insiste en la “soberanía energética”, los mercados internacionales observan a Pemex como uno de los principales factores de riesgo para la estabilidad financiera del país.


¿Qué significa perder el grado de inversión?

El término “grado de inversión” funciona como una especie de certificado internacional de confianza financiera. Permanecer dentro de esa categoría permite a los países acceder a financiamiento más barato y atraer capital institucional global.

La calificación Baa3 otorgada por Moody’s es precisamente el último nivel aceptado antes de caer en categoría especulativa. Si México sufriera una nueva rebaja, muchos fondos internacionales tendrían restricciones automáticas para mantener bonos mexicanos en sus portafolios.

Eso podría traducirse en:

  • mayor costo de financiamiento para el Gobierno;
  • presión sobre el peso mexicano;
  • aumento en tasas de interés;
  • menor inversión extranjera;
  • y una percepción internacional de mayor riesgo económico.

Aunque el país aún conserva fortalezas importantes —como su cercanía con Estados Unidos, una economía diversificada y estabilidad macroeconómica relativa— Moody’s advirtió que problemas estructurales como la informalidad, la inseguridad y la insuficiente infraestructura limitan el potencial de crecimiento mexicano.


La señal política detrás del recorte

Más allá del impacto financiero inmediato, la decisión tiene también un fuerte componente político.

Durante años, los gobiernos de la llamada Cuarta Transformación han defendido la idea de que México mantiene finanzas sanas y una política económica responsable. Sin embargo, la degradación crediticia golpea directamente esa narrativa y alimenta dudas sobre la sostenibilidad del modelo fiscal actual.

El ajuste de Moody’s también se suma a advertencias previas de otras calificadoras internacionales. La percepción de riesgo sobre México ya venía deteriorándose desde finales de 2024 debido al aumento del déficit fiscal y la desaceleración económica.

La pregunta ahora no es solo si México puede evitar perder el grado de inversión. La pregunta es cuánto tiempo podrá seguir sosteniendo el costo político y financiero de rescatar a Pemex mientras el crecimiento económico se debilita y las presiones presupuestales aumentan.

Cuando las calificadoras comienzan a hablar de fragilidad fiscal, los mercados escuchan. Y cuando los mercados escuchan, el costo termina llegando a la economía cotidiana.

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