¿Depresión Post-parto o Furia Post-ego?

La sociedad moderna tiene un talento especial para embellecer lo inexcusable o justificar de acuerdo a quien es el personaje principal en la historia. El caso de Marianne, la influencer mexicana acusada de apuñalar a Valentina 17 veces, es el nuevo ejemplo de cómo la narrativa puede transformarse de «acto brutal de violencia» a «historia conmovedora de una madre con depresión post-parto». No digo que la depresión post-parto no sea real, porque lo es. Pero usarla como justificación para semejante arrebato de violencia es, cuando menos, una falta de respeto para quienes la padecimos sin apuñalar a nadie.

Ahora bien, si estamos en el negocio de justificar crímenes con tragedias personales, ¿qué hay de Fofo Márquez? Su padre falleció hace 2 años, y su mamá ha declarado que no lloró ni vivió el duelo. ¿Puede alegar depresión también? Tal vez deberíamos abrir una nueva categoría legal: «Delitos cometidos bajo intensa carga emocional». Así podríamos repartir atenuantes como dulces en Halloween.

Lo que no podemos ignorar es el hecho más crudo: 17 puñaladas. No una, no dos. Diecisiete. Eso no es un «desliz momentáneo» ni una «pérdida de control temporal». Eso es rabia sostenida. Es violencia que tuvo tiempo de medirse entre cada estocada. Me pregunto, con un nudo en el estómago: ¿Sería capaz de ejecutar tanta violencia contra otro ser vivo, incluso en defensa propia? La mayoría de nosotros, espero, diría que no.

Y aquí entra la delgada línea legal: Marianne es menor de edad, lo cual, según las leyes mexicanas, le otorga ciertos beneficios. Como si la furia adolescente tuviera menos impacto que la de un adulto. Además, la víctima sobrevivió, lo que, irónicamente, parece restarle gravedad al asunto. Porque al parecer, en la ecuación legal, el desenlace pesa más que la intención.

Y por si el drama necesitara más capas, tenemos la narrativa de que Marianne y Valentina eran «amigas». Spoiler: no lo eran. También se dijo que Valentina era la «novia formal» del exnovio de Marianne. Otro mito. Al parecer, apenas tenían dos semanas saliendo. Entonces, la gran pregunta: ¿qué hacían juntos los tres? Porque si el corazón roto fuera una defensa válida, necesitaríamos prisión preventiva para media población adolescente.

Mis queridos sobrinos todos hemos tenido episodios en lo que nos hemos convertido en lords y ladys con alguna situacion que nos llenó de rabia, alguna situacion que al día de hoy nos apena. Esos pequeños segundos marcan la diferencia. Lo que si puedo asegurar es que la vida de tres familias tomo un rumbo innesperado; no olvidemos que hay un bebé de 6 meses sin su madre.

Este caso no es sobre depresión post-parto, ni sobre rupturas amorosas. Es sobre violencia. Brutal, innecesaria, y absolutamente inaceptable. Y debería ser juzgada como tal, sin adornos ni atenuantes disfrazados de empatía selectiva.

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