Generación Z y el regreso de los ‘dumbphones’

Entre notificaciones, vigilancia digital y algoritmos que lo saben todo, muchos jóvenes están optando por volver a lo básico, pero puede haber riesgos.

El movimiento por desconectarse del estrés digital ya tiene un ícono: los teléfonos básicos. Jóvenes de todo el mundo, incluido México, están cambiando sus smartphones por dispositivos simples en busca de privacidad, concentración y salud mental. Pero esta tendencia también tiene su lado vulnerable.

En Estados Unidos, las ventas de teléfonos tipo “flip” (o teléfonos tontos, como se les llama en redes) han crecido entre la Generación Z. El hashtag #flipphone supera los 820 millones de vistas en TikTok, impulsando una estética de rebeldía contra la hiperconectividad.

De acuerdo The Guardian y USA Today, miles de estudiantes universitarios están optando por los dumbphones para reducir el tiempo frente a las pantallas, recuperar el enfoque y proteger su salud mental. Algunos los usan como dispositivo principal, otros como herramienta auxiliar para “desintoxicarse” del smartphone sin quedar completamente desconectados.

Aunque muchos asocian los teléfonos básicos con mayor privacidad, esta percepción puede ser engañosa. En México y otros países, los dumbphones y teléfonos desechables han sido utilizados tanto por usuarios comunes como por grupos criminales para evitar rastreos. La diferencia está en cómo se usan.

Adrianus Warmenhoven, especialista en ciberseguridad, advierte: “Ofrecen una sensación de privacidad, pero no están exentos de riesgos. Instalar apps, registrar el número en sitios web o dejar encendido el GPS puede convertirlos en herramientas vulnerables”.

En México, se han reportado un incremento de estafas telefónicas donde se usan números desechables para realizar fraudes y phishing. Usar estos teléfonos para registrarse en aplicaciones o para hacer pagos digitales puede exponer datos personales a terceros, sin que el usuario lo note.

Este regreso al dumbphone no es un rechazo total a la tecnología. Es una forma de marcar límites. Según la empresa de ciberseguridad NordVPN, más del 20 % de los usuarios jóvenes en América Latina han considerado usar teléfonos desechables o básicos para proteger su privacidad.

El fenómeno también se cruza con el estilo de vida de nómadas digitales, viajeros frecuentes y estudiantes que buscan comunicación esencial, pero sin el bombardeo de estímulos que ofrecen los smartphones. El problema: muchos conectan estos dispositivos a redes Wi-Fi abiertas, les instalan apps o los vinculan a cuentas personales, lo que elimina cualquier ventaja de privacidad inicial.

Kaspersky y la Electronic Frontier Foundation (EFF) han alertado sobre los peligros comunes de los dumbphones y teléfonos desechables:

  • Vulnerabilidad al malware si se descargan apps de fuentes no seguras.
  • Seguimiento por GPS si no se desactivan los servicios de localización.
  • Exposición a fraudes si se usan en pagos digitales sin protección adicional.
  • Filtración de datos al registrar el número en plataformas de comercio o redes sociales.

Para reducir riesgos, los expertos recomiendan:

  • Usar estos teléfonos solo para llamadas y mensajes.
  • Evitar instalar aplicaciones o vincular cuentas personales.
  • Comprarlos con efectivo y no asociarlos a tu identidad.
  • Apagar servicios de geolocalización y reiniciar el dispositivo regularmente.

En tiempos de saturación digital, el regreso de los dumbphones representa tanto una crítica al modelo de hiperconectividad como una búsqueda auténtica de bienestar. Pero también plantea una pregunta crucial: ¿estamos sacrificando seguridad por desconexión, o solo cambiando de forma de ser rastreados?

La tendencia crece y no parece una moda pasajera. Lo que sigue es educar sobre su uso seguro, especialmente en contextos como México, donde el teléfono puede ser tanto una herramienta de libertad como un riesgo silencioso. ⑧

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