Equipos científicos comenzaron una operación de captura de roedores en Ushuaia y otras zonas del sur argentino para intentar identificar el origen del brote de hantavirus relacionado con el crucero MV Hondius.
El caso ha puesto bajo vigilancia internacional a autoridades sanitarias y reavivó el debate sobre los riesgos epidemiológicos asociados al cambio climático y la expansión de enfermedades zoonóticas.
La imagen parece salida de una película de ciencia ficción: científicos vestidos con trajes de bioseguridad recorriendo bosques helados de la Patagonia, colocando trampas para roedores en busca de un virus mortal que ya dejó varias víctimas y encendió alertas sanitarias en distintos países.
Pero no es ficción.
En Ushuaia, la ciudad más austral del planeta, investigadores argentinos iniciaron una operación para localizar los posibles roedores portadores del hantavirus vinculado al brote detectado a bordo del crucero MV Hondius, una embarcación de expedición polar que se convirtió en el epicentro de uno de los episodios sanitarios más comentados de las últimas semanas.
La investigación intenta responder la pregunta más importante del caso: ¿dónde comenzó realmente el contagio?
El crucero que desató la alerta internacional
El MV Hondius zarpó desde Ushuaia el 1 de abril para una expedición por el Atlántico Sur y regiones polares. Semanas después comenzaron a detectarse casos graves entre pasajeros y tripulación. Hasta ahora, el brote ha dejado al menos tres personas fallecidas y varios casos confirmados o sospechosos asociados al virus Andes, una variante particularmente vigilada porque es el único hantavirus con evidencia de transmisión limitada entre humanos.
El caso provocó cuarentenas, rastreos epidemiológicos internacionales y monitoreo sanitario en varios países. La Organización Mundial de la Salud ha insistido en que el riesgo de pandemia sigue siendo bajo y que no existe evidencia de mutaciones que vuelvan al virus más transmisible.
Aun así, el episodio reactivó temores globales inevitables después de la experiencia del COVID-19.

La búsqueda del “paciente cero” animal
Los investigadores del Instituto Malbrán y autoridades sanitarias argentinas comenzaron a capturar roedores en Tierra del Fuego para determinar si alguna especie local pudo actuar como reservorio del virus.
El problema es que Ushuaia nunca había sido considerada una zona relevante de hantavirus.
Eso vuelve particularmente inquietante la investigación.
Especialistas analizan si cambios ambientales y climáticos pudieron alterar la distribución de ciertas especies de roedores capaces de portar el virus Andes. Aunque el principal reservorio conocido del virus no habita oficialmente en Tierra del Fuego, científicos detectaron subespecies similares cuya capacidad de transmisión todavía no ha sido estudiada con suficiente profundidad.
La hipótesis central es que el llamado “caso índice” del brote pudo haberse infectado durante actividades turísticas terrestres en zonas de Argentina o Chile antes de abordar el barco.
Por ahora, las pruebas genéticas y los análisis de laboratorio siguen en curso.

Argentina enfrenta su peor temporada de hantavirus en años
El brote del MV Hondius ocurre en un momento particularmente delicado para Argentina.
Datos citados por medios argentinos señalan que el país registra la cifra más alta de casos de hantavirus en más de una década, con más de 100 contagios confirmados durante la temporada epidemiológica 2025-2026.
La enfermedad, transmitida principalmente por contacto con excremento, saliva u orina de roedores infectados, puede derivar en síndrome cardiopulmonar por hantavirus, una afección grave con alta tasa de mortalidad.
Los síntomas iniciales suelen parecerse a una gripe común: fiebre, dolor muscular, fatiga y problemas respiratorios. Esa similitud complica la detección temprana y eleva el riesgo de diagnósticos tardíos.

El verdadero temor detrás del brote
Más allá del número de casos, el episodio volvió a colocar sobre la mesa un tema que preocupa cada vez más a epidemiólogos: el avance de enfermedades zoonóticas impulsadas por cambios ambientales, movilidad global y turismo extremo.
Un crucero internacional que recorre zonas remotas, pasajeros de múltiples países, contagios detectados semanas después y un posible reservorio animal aún no identificado son ingredientes suficientes para disparar preocupación mediática global.
Sin embargo, especialistas y organismos internacionales insisten en evitar el alarmismo.
La OMS sostiene que el brote permanece contenido y que el virus Andes no posee características comparables con las de virus respiratorios altamente transmisibles como el SARS-CoV-2.
Pero la escena de científicos persiguiendo roedores en el extremo sur del continente recuerda una realidad incómoda: muchas de las amenazas sanitarias del futuro probablemente nacerán lejos de las grandes ciudades y mucho antes de que el mundo las note. ⑧


