El presidente de Estados Unidos asegura que la ofensiva militar contra Irán está “muy adelantada” y evalúa una medida que podría cambiar el equilibrio energético global: el control del estrecho de Ormuz, una de las rutas petroleras más importantes del mundo.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este lunes que la guerra contra Irán está “prácticamente terminada”, luego de más de una semana de ataques coordinados entre Washington e Israel contra infraestructura militar iraní. La declaración, realizada durante una entrevista telefónica con la cadena CBS News, sugiere que la Casa Blanca considera que el objetivo estratégico de la operación —debilitar la capacidad militar de Teherán— está cerca de cumplirse.
“Creo que la guerra está prácticamente terminada”, dijo Trump. Según el mandatario, las fuerzas iraníes han perdido gran parte de su capacidad operativa. “No tienen armada, ni comunicaciones, ni fuerza aérea”, aseguró, al describir una campaña militar que, según Washington, avanza más rápido de lo previsto.
El conflicto comenzó el 28 de febrero de 2026 cuando Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva aérea masiva contra instalaciones nucleares, bases de misiles y centros de mando en territorio iraní, en lo que Washington denominó “Operación Furia Épica”. Irán respondió con ataques con misiles y drones contra Israel y posiciones militares estadounidenses en la región del Golfo Pérsico, lo que desató una de las escaladas militares más graves entre ambos países en décadas.
Sin embargo, la afirmación más polémica de Trump no fue sobre el fin de la guerra, sino sobre lo que podría venir después.
Durante la misma entrevista, el presidente reveló que su gobierno está considerando “tomar el control” del estrecho de Ormuz, un paso marítimo estratégico entre el Golfo Pérsico y el océano Índico por donde transita una parte crucial del petróleo que abastece al mundo.
La idea, según explicó, sería garantizar la seguridad del tránsito marítimo y evitar que Irán intente bloquear el paso de buques petroleros, algo que históricamente ha utilizado como amenaza en momentos de tensión con Occidente. Trump incluso advirtió que si Teherán interfiere con el flujo de petróleo por esa vía, Estados Unidos responderá con una fuerza “20 veces mayor”.
El estrecho de Ormuz es considerado uno de los puntos más sensibles del sistema energético global. Una interrupción prolongada del tráfico marítimo en esa zona podría disparar los precios del petróleo y generar un shock económico internacional. De hecho, la guerra ya provocó fuertes fluctuaciones en los mercados energéticos y el precio del crudo superó temporalmente los 100 dólares por barril durante los días más intensos del conflicto.
El estrecho de Ormuz: el punto del planeta que puede disparar el precio del petróleo
Por esta franja de mar de apenas 50 kilómetros de ancho pasa cerca de una quinta parte del petróleo que consume el mundo. Si se bloquea —aunque sea unos días— la economía global lo sentiría de inmediato.
En el mapa del mundo existen varios puntos estratégicos que sostienen el comercio global. Pero pocos son tan delicados —y tan influyentes— como el estrecho de Ormuz.
Esta angosta franja de mar, ubicada entre Irán y Omán, conecta el Golfo Pérsico con el océano Índico. Puede parecer una simple ruta marítima más, pero en realidad es una de las arterias energéticas más importantes del planeta.
Por el estrecho de Ormuz transita aproximadamente una quinta parte del petróleo que se comercia en el mundo. Cada día pasan por allí millones de barriles provenientes de países productores del Golfo como Arabia Saudita, Irak, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Qatar, rumbo a los grandes centros de consumo en Asia, Europa y América.
Esa enorme dependencia energética convierte al estrecho en un punto extremadamente sensible para la economía global. Cualquier amenaza de cierre, ataque o interrupción suele provocar reacciones inmediatas en los mercados internacionales del petróleo.
Por eso, cada vez que aumentan las tensiones entre Estados Unidos e Irán, el nombre de Ormuz vuelve al centro de la conversación geopolítica.
Irán controla buena parte de la costa norte del estrecho y durante décadas ha advertido que podría bloquear el paso de petroleros si enfrenta una agresión militar o sanciones económicas extremas. Aunque esa amenaza rara vez se ha materializado, la simple posibilidad ha sido suficiente para disparar nerviosismo en los mercados energéticos.
La preocupación no es exagerada. El estrecho, en su punto más angosto, tiene poco más de 50 kilómetros de ancho, y las rutas de navegación para buques petroleros son aún más estrechas. Eso significa que minas navales, ataques con drones o misiles, o incluso el hundimiento de un solo barco grande podrían interrumpir el tráfico marítimo durante días o semanas.
En un mundo donde el petróleo sigue siendo el combustible principal de la economía, un bloqueo de Ormuz tendría consecuencias inmediatas.

En paralelo, la Casa Blanca también evalúa medidas para estabilizar el mercado energético, incluyendo escoltas navales para petroleros en el Golfo Pérsico y posibles ajustes a las sanciones relacionadas con el petróleo.
A pesar del optimismo de Trump, la situación sigue siendo volátil. Irán no ha reconocido ninguna derrota y ha advertido que está preparado para continuar el conflicto si los ataques occidentales continúan. Analistas advierten que incluso si las operaciones militares disminuyen, las tensiones regionales —incluyendo el papel de aliados como Hezbollah o milicias en Irak— podrían prolongar la inestabilidad en Medio Oriente.
Para Washington, la narrativa es clara: una guerra corta, quirúrgica y exitosa. Pero en Medio Oriente, las guerras raramente terminan cuando alguien lo declara en televisión. ⑧


