El gobierno de Donald Trump anunció la conclusión del operativo federal masivo en Minnesota. La Casa Blanca defiende resultados en seguridad; activistas y autoridades locales exigen rendición de cuentas.
La administración federal anunció este 12 de febrero el fin del despliegue migratorio extraordinario en el área metropolitana de Minneapolis–St. Paul, una operación que durante semanas colocó a Minnesota en el centro del debate nacional sobre migración y uso de fuerzas federales.
La información fue confirmada por autoridades federales. El operativo, impulsado por la Casa Blanca y coordinado por el llamado “zar de la frontera”, Tom Homan, implicó el despliegue de miles de agentes, incluidos elementos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés).
Según el gobierno, la operación tenía como objetivo intensificar la detención de personas en situación migratoria irregular, particularmente aquellas con antecedentes penales. De acuerdo con cifras oficiales citadas en medios estadounidenses, se realizaron miles de arrestos durante el operativo.
Sin embargo, el despliegue también generó fuertes críticas. Organizaciones civiles denunciaron detenciones arbitrarias y operativos en zonas residenciales que, según activistas, sembraron miedo entre comunidades migrantes, incluso entre personas con estatus legal o ciudadanía estadounidense.
El anuncio del fin de la ofensiva no implica, según Homan, un cambio estructural en la política migratoria federal. La Casa Blanca ha reiterado que la aplicación estricta de la ley migratoria seguirá siendo una prioridad, aunque el despliegue extraordinario en Minnesota se reduzca.

Durante las semanas del operativo, Minneapolis vivió protestas, concentraciones ciudadanas y pronunciamientos de líderes estatales y municipales. El gobernador Tim Walz y el alcalde Jacob Frey expresaron preocupación por el alcance de la intervención federal y por posibles excesos en su ejecución.
Las imágenes de agentes federales en barrios residenciales y centros de trabajo alimentaron el debate sobre el equilibrio entre seguridad y derechos civiles. Para sectores críticos, la operación fue desproporcionada y políticamente calculada en un contexto de alta polarización nacional.
En contraste, voceros federales sostienen que la operación respondió a necesidades concretas de seguridad pública y que se actuó dentro del marco legal.

Aunque el retiro progresivo de agentes marca el cierre formal del operativo en Minneapolis, el tema migratorio continúa siendo uno de los ejes centrales de la agenda política de Washington.
La pregunta que queda abierta es si este repliegue responde a una evaluación operativa o a la presión social y política acumulada en las últimas semanas.
Para las comunidades afectadas, el anuncio representa un alivio inmediato. Pero el debate de fondo —cómo y hasta dónde debe llegar la intervención federal en materia migratoria— permanece intacto. ⑧


