Un artículo de opinión del diario estadounidense sostiene que la presidenta de México enfrenta el problema del crimen organizado no solo como una amenaza criminal, sino como un desafío político y estructural que atraviesa al Estado mexicano y su relación con Estados Unidos.
El The New York Times publicó recientemente un artículo de opinión titulado “It’s Not the Cartels That Worry Claudia Sheinbaum” (No son los cárteles lo que le preocupa Claudia Sheinbaum), en el que se analiza el enfoque de la presidenta de México frente al crimen organizado y las tensiones que esta estrategia genera tanto en el ámbito interno como en la relación bilateral con Estados Unidos.
El texto, firmado por Mary Beth Sheridan, plantea que el mayor reto para Claudia Sheinbaum no es únicamente el poder de los cárteles como organizaciones criminales, sino el entramado político, institucional y social que les permite operar con influencia territorial en distintas regiones del país.
Según la autora, la discusión sobre seguridad en México suele reducirse a la pregunta de si el gobierno está dispuesto a confrontar militarmente a los cárteles. Sin embargo, el artículo sostiene que esta visión simplifica un fenómeno mucho más profundo, en el que confluyen factores como la corrupción local, la debilidad de las instituciones de justicia, la desigualdad social y la histórica colusión entre autoridades y grupos criminales.
El texto subraya que Sheinbaum ha evitado adoptar una retórica de “guerra frontal” contra el narcotráfico, en contraste con las presiones provenientes de sectores políticos en Estados Unidos que han insistido en caracterizar a México como un país dominado por los cárteles. De acuerdo con el análisis del New York Times, esta postura no responde necesariamente a una negación del problema, sino a un cálculo político e institucional: una ofensiva total implicaría confrontar redes de poder que, en algunos casos, incluyen a funcionarios locales, fuerzas de seguridad y actores políticos.
El artículo también coloca la estrategia de la presidenta en el contexto de la relación México–Estados Unidos. Sheridan señala que Sheinbaum ha hecho énfasis en la soberanía nacional y en la corresponsabilidad estadounidense, particularmente en lo relacionado con el consumo de drogas, el tráfico de armas hacia México y el lavado de dinero. Desde esta perspectiva, el combate al crimen organizado no puede recaer únicamente en acciones dentro del territorio mexicano.
En el plano interno, el texto apunta que la presidenta gobierna en un entorno complejo, marcado por altos niveles de violencia en algunas regiones, expectativas sociales elevadas y una coalición política amplia que no siempre actúa de manera homogénea. En ese escenario, argumenta el New York Times, una estrategia de seguridad basada exclusivamente en la confrontación directa podría tener costos políticos y sociales significativos.
El artículo aclara que no se trata de una investigación judicial ni de una acusación directa contra el gobierno mexicano, sino de una lectura política sobre los dilemas que enfrenta la nueva administración. La tesis central es que, para Sheinbaum, el problema de los cárteles es inseparable de un sistema más amplio de fallas estructurales del Estado y de una relación bilateral históricamente tensa en materia de seguridad.
Con este análisis, el New York Times se suma al debate internacional sobre el rumbo que tomará la política de seguridad en México bajo el nuevo gobierno, en un momento en el que la violencia, la presión externa y las demandas internas siguen marcando la agenda pública. ⑧


