Putin pone “precio” a Groenlandia: entre $200 y $1,000 millones y reaviva la crisis ártica

scenic view of greenland village

En medio de la polémica internacional por la intención de Estados Unidos de adquirir Groenlandia, el presidente ruso, Vladímir Putin, intervino en el debate al estimar un valor monetario para la isla, en un gesto que reflejaría las crecientes tensiones geopolíticas alrededor del Ártico y la rivalidad entre potencias globales.

La conversación sobre Groenlandia, un territorio autónomo bajo soberanía danesa, ha escalado en los últimos días tras el anuncio del presidente estadounidense Donald Trump de un principio de acuerdo con la OTAN y la suspensión de amenazas arancelarias a países europeos por su oposición a la adquisición.

Ahora, Rusia entró al debate con una intervención insólita: Putin sugirió una cifra tentativa para “el precio de Groenlandia” si se comparara con la histórica compra de Alaska por parte de EE. UU. en el siglo XIX.

¿Qué dijo Putin?

Durante una reunión del Consejo de Seguridad de Rusia, Putin sostuvo que la superficie y relevancia estratégica de Groenlandia justifican un valor estimado entre 200 y 1,000 millones de dólares si se aplicaran criterios históricos similares a los de la compra de Alaska en 1867.

Recordó que en aquella transacción Estados Unidos pagó alrededor de 7.2 millones de dólares y, ajustado por variables como productos básicos de la época (por ejemplo, el oro), el costo efectivo de Groenlandia podría ser mucho mayor.

Putin también comentó que Dinamarca había tratado históricamente a Groenlandia “como una colonia” y expresó su convicción de que EE. UU. y Copenhague eventualmente podrían llegar a un acuerdo sobre la isla, aunque precisó que “ese asunto no nos incumbe directamente”.

scenic view of nuuk greenland s colorful buildings

La intervención de Putin agrega una dimensión adicional a un conflicto que trasciende las fronteras europeas. Groelandia ha adquirido una importancia estratégica creciente en la geopolítica del Ártico debido al deshielo acelerado, que abre nuevas rutas marítimas y facilidades para acceder a recursos energéticos y minerales. Esa dinámica convierte a la región en un punto de rivalidad entre grandes potencias.

Rusia, por su parte, ha observado con atención las tensiones entre Washington y sus aliados europeos. Analistas y comentaristas cercanos al Kremlin han llegado a sugerir que las fricciones podrían debilitar la cohesión de la OTAN frente a Rusia y otras potencias, aunque Moscú insiste en que no representa una amenaza para Groenlandia.

Aunque la propuesta de Putin introduce una cifra tangible en la conversación, tanto Dinamarca como las autoridades de Groenlandia han reiterado que la isla no está en venta. Líderes groenlandeses y daneses han subrayado que cualquier discusión sobre el futuro del territorio debe respetar la soberanía y la autodeterminación del pueblo groenlandés, cuya mayoría se ha manifestado en contra de cambios de estatus territorial.

Además, en las semanas recientes se han registrado protestas en Dinamarca y Groenlandia bajo consignas como “Groenlandia no está en venta”, reflejo del rechazo popular a la idea de una venta o transferencia de control.

La estimación pública de un “precio” para Groenlandia por parte de Putin no modifica por sí misma el estatus político de la isla, pero subraya cómo se ha intensificado la disputa geopolítica por el Ártico. Las potencias globales observan con atención un territorio que combina valor estratégico, recursos naturales y simbolismo en la competencia por influencia en una de las regiones de más rápido cambio climático y geopolítico del planeta.

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