¿Quién mueve los hilos? La teoría que ronda Palacio tras el asesinato de Carlos Manzo

Una narrativa comienza a tomar fuerza entre analistas y operadores políticos: el supuesto intento del gobierno de Claudia Sheinbaum por debilitar a los cuadros más influyentes del lopezobradorismo habría dado un giro inesperado tras el asesinato de Carlos Manzo. Lo que empezó como una lucha interna por la sucesión y el control del movimiento terminó devolviendo el peso político al expresidente López Obrador.

En política, las coincidencias suelen interpretarse como señales. Y en México, un país donde el poder tiene memoria larga y reflejos rápidos, las señales importan. Durante semanas, versiones no confirmadas —pero insistentemente repetidas en pasillos políticos y círculos cercanos al oficialismo— apuntaban a una hipótesis audaz: el gobierno de Claudia Sheinbaum habría comenzado a “despresurizar” a su propio movimiento filtrando información comprometedora que debilitara a los operadores más cercanos a Andrés Manuel López Obrador.

El blanco principal, según esta lectura, era la herencia política incómoda:
Adán Augusto López Hernández, Andy López Beltrán y otros personajes que permanecen de la influencia directa del expresidente.
La lógica detrás de esta supuesta estrategia era simple: si Sheinbaum iba a construir su propio liderazgo, tendría que disminuir la sombra de quienes todavía operaban con poder, redes y recursos heredados del sexenio pasado.

En ese contexto, comenzaron a aparecer —en medios tradicionales y digitales— historias sobre redes de huachicol, presuntos nexos con La Barredora, audios y videos de excesos de funcionarios locales, y supuestas pugnas internas en Morena. Parte de la opinión pública interpretó esto como un “golpe mediático” para reducir la presencia política de quienes representaban la continuidad del lopezobradorismo original.

Pero todo eso cambió el día que Carlos Manzo fue asesinado.

El crimen del alcalde de Uruapan no solo cimbró a Michoacán; reordenó prioridades dentro del propio gobierno federal. La agenda pública —que durante días estuvo marcada por escándalos internos, señalamientos y filtraciones— viró de inmediato hacia la seguridad, la violencia y la incapacidad del Estado para garantizar paz a un país exhausto.

Y esa nueva realidad política dejó un efecto inesperado:
desactivó, al menos temporalmente, la supuesta ofensiva contra la vieja guardia morenista.

La teoría de las “fuerzas oscuras”

En los círculos donde se analizan riesgos y se descifran mensajes del poder, una hipótesis comenzó a circular: que el asesinato de Manzo habría sido ordenado por grupos criminales con intereses específicos, pero que el efecto político coincidió casi quirúrgicamente con frenar la ofensiva narrativa contra el lopezobradorismo duro.

¿Casualidad? ¿Conveniencia? ¿Una mezcla de ambas?

Lo cierto es que el crimen reposicionó políticamente al expresidente López Obrador, quien volvió al centro de las decisiones estratégicas. La mayor evidencia de ello fue la reacción del gobierno federal: Sheinbaum no tuvo más opción que acudir —rápida y públicamente— a la maquinaria, experiencia y estructuras que AMLO dejó alineadas antes de retirarse.

La presidenta, que había buscado mostrar un estilo propio y un gabinete con sello independiente, terminó dependiendo de la maquinaria de comunicación, fuerza política y respaldo simbólico del expresidente. No por gusto, sino por necesidad.
Porque ahora sobre ella pesa otra presión mayor: la revocación de mandato.

La revocación ya no es un simple trámite

Hasta hace unas semanas, en Palacio Nacional se asumía que la revocación sería un acto de legitimidad política para Sheinbaum. Hoy ya no se siente así. La percepción pública se deteriora cuando el Estado llega tarde, cuando la violencia rebasa las explicaciones oficiales, cuando un municipio se incendia en vivo y cuando un país observa un funeral que se convierte en un reclamo colectivo.

Por eso, en esta narrativa, el crimen de Manzo no solo modificó la opinión pública: también reconfiguró las lealtades internas. Y Sheinbaum, frente a un escenario que se complica, necesita a quienes alguna vez quiso debilitar.

Teorias conspiracionistas

La teoría puede sonar conspiracionista —como tantas que han marcado la política mexicana—, pero refleja un clima real: hay tensiones dentro del movimiento gobernante, hay intereses cruzados y hay liderazgos que no han cedido espacio.

El asesinato de un alcalde no solo expone la fragilidad del Estado en ciertas regiones: también evidencia que el proyecto político de la 4T sigue dependiendo, en buena medida, del viejo poder y no del nuevo.

Claudia Sheinbaum llegó para construir un gobierno propio.
Pero la violencia, la crisis y la guerra interna por la sucesión le recordaron algo esencial:
en México, nadie gobierna solo. Y mucho menos cuando las sombras se mueven más rápido que los planes de emancipación política.


Las opiniones aquí vertidas son el punto de vista personal del autor y no necesariamente representan la posición oficial de Hedosapiem, sus editores o colaboradores.

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