La gentrificación en la CDMX: ¿justicia cultural o doble moral?

Cuando lo que enriquece termina desplazando, la defensa cultural deja de ser un derecho y se convierte en urgencia.

Una protesta reciente en la Ciudad de México cuestionó el avance de la gentrificación impulsada por migrantes de Estados Unidos y Europa. Bajo letreros como “This is not your playground” y “CDMX no está en venta”, los vecinos advirtieron que el derecho a migrar no debe erosionar la identidad cultural y económica local.

La gentrificación no es un fenómeno exclusivo de México. Surge cuando flujos migratorios de países del “primer mundo” llevan a profesionales, nómadas digitales y trabajadores remotos a asentarse en ciudades de menor costo de vida, como Medellín, Lisboa, Tailandia o la propia CDMX.

Este movimiento tiene ventajas: inyecta capital, dinamiza la oferta cultural y, en algunos casos, impulsa mejoras en infraestructura y servicios. Pero sus efectos secundarios pueden ser devastadores: alzas desproporcionadas en renta, alimentación y propiedad; desplazamiento de comunidades originarias; y pérdida de identidad cultural. En barrios como Roma, Condesa o Coyoacán, ya no es raro ver menús en inglés, precios en dólares y comercios donde el español parece idioma secundario.

El verdadero problema no es la presencia de extranjeros, sino la desregulación e indiferencia de las autoridades. En 2022, la jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum firmó un convenio con Airbnb para impulsar el alquiler de corto plazo sin evaluar sus consecuencias sociales. Hoy, esa modalidad ha disparado el costo de vida, desplazando familias y privilegiando el consumo extranjero por encima de las necesidades locales.

La manifestación del 4 de julio de 2025 no solo fue legítima, sino necesaria. Fue un acto de justicia cultural: la ciudadanía defendió su lengua, sus tradiciones y su derecho a permanecer en su propia ciudad. Toda comunidad tiene el derecho a preservar su patrimonio y levantar la voz ante amenazas reales.

Sin embargo, urge señalar la doble moral: en México, se celebra el nacionalismo cultural, pero en Estados Unidos se tilda de racista o xenófobo al defensor de lo propio. Aquí aplaudimos al mexicano patriota; allá, se condena al estadounidense que reclama sus valores. Peor aún, muchos emigrantes mexicanos en Estados Unidos imponen su idioma y costumbres, sin adaptarse a las leyes y cultura del país receptor.

Claro y de Frente

La defensa de la identidad es legítima, pero exige coherencia ética: todo extranjero —ya sea mexicano en Estados Unidos o estadounidense en México— debe respetar y adaptarse al país que elige como hogar. Si reclamamos derechos, debemos cumplir obligaciones. No podemos exigir en otra tierra lo que nos negamos a conceder en la nuestra.

La gentrificación debe abordarse con políticas públicas efectivas: regulación del mercado inmobiliario, protección de comunidades vulnerables y promoción de oferta habitacional asequible. También debemos renunciar a la hipocresía: el respeto cultural comienza con el ejemplo. ⑧


Las opiniones vertidas son responsabilidad del autor y no representan necesariamente la posición oficial de Hedosapiem.

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