El presidente de Estados Unidos endurece su retórica en redes, pero el Congreso y la opinión pública descartan una nueva guerra en Medio Oriente.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, enfrenta una de las decisiones más delicadas de su segundo mandato: si involucrar o no a las fuerzas armadas estadounidenses en la guerra que libran Israel e Irán. Mientras en Truth Social proclamó que Washington tiene “control de los cielos de Irán” y exigió la “¡REN‑DI‑CIÓN INCONDICIONAL!” de Teherán, en Washington crece la resistencia a cualquier acción militar directa.

Los representantes Thomas Massie (republicano libertario) y Ro Khanna (demócrata progresista) presentaron una resolución conjunta que limitaría la autoridad presidencial para emprender operaciones contra Irán sin aval del Congreso. El texto cuenta con el respaldo de la mayoría del Caucus Progresista y del senador Tim Kaine, quien impulsó una iniciativa similar en la Cámara Alta.
Voces de la derecha populista, como la congresista Marjorie Taylor Greene, también rechazan intervenir: “Cualquier deseo de meter a Estados Unidos en la guerra Israel/Irán no es ‘America First’”, escribió en X.
Una encuesta Economist/YouGov, aplicada del 13 al 16 de junio, reveló que sólo 16 % de los estadounidenses respalda enviar tropas; 60 % se opone y 24 % está indeciso. Incluso entre votantes republicanos, el rechazo alcanza el 53 %.
En el Senado, figuras neoconservadoras como Tom Cotton y Lindsey Graham instan al presidente a respaldar “hasta el final” a Israel. No obstante, la posición es minoritaria frente a la coalición inusual de progresistas y conservadores que pide evitar otra guerra en Medio Oriente.
Hasta ahora, Trump ha optado por asistencia logística y coordinación de inteligencia con Israel, sin comprometer fuerzas de combate. El Departamento de Defensa mantiene capacidades disuasorias en la región, pero no se ha emitido orden de ataque, y cualquier uso de armamento penetrante (“bunker busters”) contra instalaciones nucleares iraníes requeriría autorización expresa del Congreso.
Analistas coinciden en que el presidente se debate entre su retórica de firmeza y la promesa de campaña de “poner fin a las guerras interminables”. La presión bipartidista y el escaso apoyo popular reducen el margen para una intervención unilateral.
Con un Congreso reacio y una opinión pública mayoritariamente en contra, la Casa Blanca podría limitarse a reforzar sanciones y apoyo defensivo a Israel, mientras busca una salida diplomática indirecta. Para la región, el riesgo persiste, pero la posibilidad de una acción militar directa de los Estados Unidos luce, por ahora, políticamente inviable. ⑧


