En un momento crítico para Petróleos Mexicanos, el respaldo financiero de Carlos Slim podría cambiar el rumbo de la petrolera estatal. Con inversiones multimillonarias, el empresario se consolida como su socio más influyente y genera debate sobre el futuro del sector energético en México.
Carlos Slim, el hombre más rico de México y uno de los principales inversionistas latinoamericanos, ha emergido como el socio privado más influyente de Petróleos Mexicanos (Pemex). A través de su compañía Carso Energy, Slim ha concretado inversiones que superan los 2 mil millones de dólares en proyectos estratégicos para la petrolera estatal.
La relación entre Slim y Pemex no es nueva, pero se ha profundizado en los últimos años. En 2023, Grupo Carso adquirió el 49.9% de una filial de Talos Energy que participa en el desarrollo del megayacimiento Zama, uno de los descubrimientos petroleros más prometedores del Golfo de México. Zama es operado por Pemex desde 2022, luego de un acuerdo con el consorcio privado original.
En 2024, Slim dio un paso más al invertir en Lakach, un campo de gas natural en aguas profundas frente a las costas de Veracruz. Este proyecto había sido suspendido en 2016 por razones financieras, pero fue reactivado por Pemex con apoyo privado.
El día de ayer, Bloomberg confirmó que Slim consolidó su posición como aliado estratégico de Pemex con nuevos acuerdos en al menos tres yacimientos adicionales. Las inversiones buscan apuntalar la producción nacional, reducir la dependencia del exterior y dar liquidez a una empresa que arrastra una deuda financiera superior a los 100 mil millones de dólares.
La entrada de Slim como inversor clave en la petrolera estatal se da en un contexto crítico. Pemex ha enfrentado constantes recortes presupuestales, reducción en la producción de crudo y una presión creciente por parte de calificadoras y acreedores. La participación privada, permitida desde la reforma energética de 2013, ha sido una salida viable frente a la crisis financiera de la empresa.
Sin embargo, la alianza también ha generado suspicacias. Organizaciones como Fundar y Mexicanos Contra la Corrupción han cuestionado la concentración de contratos energéticos en manos de un único empresario con amplia influencia en sectores estratégicos del país.
Un salvavidas en medio del naufragio
Para analistas como Gonzalo Monroy, director de GMEC, las inversiones de Slim representan un «salvavidas financiero» para Pemex. «Sin ese capital privado, proyectos como Zama o Lakach simplemente no serían viables bajo el modelo actual», dijo en entrevista con Bloomberg.
A pesar de su cercanía con el poder, Slim ha mantenido un bajo perfil público en estas negociaciones. Las decisiones estratégicas se han dado de manera gradual, priorizando resultados técnicos y financieros por encima del protagonismo mediático.
El futuro de Pemex, ¿en manos privadas?
La consolidación de Slim como el principal socio privado de Pemex abre nuevas preguntas sobre el futuro de la petrolera. Aunque el gobierno ha reiterado su compromiso con el control estatal, la realidad financiera empuja hacia una mayor colaboración público-privada. La llegada de la nueva administración en septiembre de 2025 podría marcar un punto de inflexión en esa estrategia.
Por ahora, lo cierto es que Slim no solo ha rescatado proyectos clave, sino que ha redefinido el papel del capital privado en la empresa más emblemática del Estado mexicano. ⑧


