¿Proteger al consumidor o legislar desde el miedo? La prohibición del colorante Rojo 3 en EE. UU. abre un debate sobre evidencia, salud pública y percepción social.
El 15 de enero de 2025, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) revocó oficialmente la autorización del colorante conocido como Rojo 3 —también llamado eritrosina o E-127— para su uso en alimentos y medicamentos ingeribles. La decisión se basó en estudios realizados en ratas macho, en los cuales se detectaron efectos cancerígenos tras exposiciones prolongadas a altas dosis del aditivo. La medida se ampara en la Cláusula Delaney, una norma legal que prohíbe tajantemente cualquier aditivo alimentario que haya demostrado causar cáncer en animales o seres humanos, sin importar la dosis ni el contexto.
Como era de esperarse, la reacción pública no tardó. Algunos medios lo calificaron como una victoria para la salud pública y un avance en la protección del consumidor. Otros, sin embargo, alzaron la voz con preguntas válidas: ¿Se está legislando en función de la evidencia científica o cediendo ante la presión social y mediática? ¿Estamos protegiendo realmente a la población o generando miedo innecesario?
¿Precaución científica o pánico desproporcionado?
Una de las críticas más relevantes a la decisión de la FDA tiene que ver con el tipo de evidencia utilizada. Los estudios que motivaron la prohibición se realizaron exclusivamente en ratas macho expuestas a dosis muy superiores a las que cualquier persona consumiría en condiciones normales. Aunque los resultados mostraron efectos cancerígenos en estos animales, no existen pruebas concluyentes de que lo mismo ocurra en humanos.
Pongámoslo en perspectiva: para que una persona promedio de 68 kg alcance el nivel de exposición utilizado en los estudios, tendría que ingerir más de 100 gramos de Rojo 3 diariamente durante un periodo prolongado. En comparación, el consumo real promedio de este aditivo es de apenas 0.2 miligramos al día; esto representa 7,500 veces menos que lo probado en laboratorio. Incluso la propia FDA reconoce este amplio margen de seguridad. Sin embargo, la Cláusula Delaney no contempla excepciones, aunque la evidencia humana sea insuficiente o el riesgo potencial sea extremadamente bajo.
Un fenómeno global, no aislado
Contrario a lo que algunos han sugerido, Estados Unidos no es el único país en cuestionar el uso del Rojo 3. En la Unión Europea, Australia, Nueva Zelanda y Japón, el colorante ha sido restringido o directamente prohibido durante años. Aunque algunos lo interpretan como una decisión política o ideológica, en realidad forma parte de una tendencia global hacia la regulación más estricta de ciertos aditivos artificiales.
En México, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) aún permite su uso, aunque bajo ciertas regulaciones. No obstante, la reciente decisión estadounidense podría generar presión para una revisión local de la normativa.
Lo que viene: impactos y debates
La salida del Rojo 3 del mercado estadounidense traerá consecuencias prácticas. Algunas ya se anticipan:
- Sustitución por colorantes naturales, lo cual puede elevar los costos de producción y acortar la vida útil de los productos en anaquel, al requerir más refrigeración o conservadores adicionales.
- Impacto sobre las pequeñas empresas, que muchas veces no cuentan con los recursos necesarios para reformular sus productos, realizar nuevos estudios o adaptarse a regulaciones cambiantes.
- Mayor espacio para discursos anti-ciencia, especialmente si las decisiones regulatorias se perciben como dogmáticas o motivadas por el miedo en lugar de por evidencia sólida. Esto puede alimentar la desconfianza generalizada hacia la ciencia, en un contexto donde ya circulan teorías que van desde el negacionismo climático hasta el rechazo a las vacunas.
Claro y de Frente
Este no es un llamado a defender los productos ultraprocesados ni a minimizar los riesgos. Pero sí es un recordatorio de que la ciencia debe seguir siendo el eje de las políticas públicas. Prohibir por principio, sin considerar contexto y dosis, puede llevar a decisiones más simbólicas que efectivas.
Hoy, el Rojo 3 comienza a desaparecer de los estantes estadounidenses. En México, por ahora, permanece. Mientras tanto, quienes comprendemos que «la dosis hace el veneno» —y no el color del ingrediente— seguiremos eligiendo con conciencia, no con miedo.
Porque el verdadero peligro no está en el colorante, sino en el aprovechamiento de la ignorancia para confundir y disfrazarla de certeza. ⑧
Las opiniones aquí vertidas son el punto de vista personal del autor y no necesariamente representan la posición oficial de Hedosapiem, sus editores o colaboradores.


