Después de más de dos semanas de protestas, bloqueos y negociaciones tensas con el gobierno federal, la Sección 22 de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) decidió levantar el plantón que mantenía en el Zócalo capitalino y poner fin al paro de labores que afectaba a miles de estudiantes en Oaxaca.
La votación interna, realizada el sábado 31 de mayo, fue cerrada: 5,555 docentes votaron por retirarse y 5,298 por permanecer. Una diferencia de apenas 257 votos reflejó las fracturas internas de uno de los gremios más influyentes del magisterio nacional.
El origen del conflicto
Las protestas comenzaron el 15 de mayo, Día del Maestro, en rechazo a lo que el magisterio considera un incumplimiento histórico del Estado. La CNTE exigía tres puntos centrales: la derogación de la Ley del ISSSTE de 2007, la eliminación total de la Reforma Educativa de 2019 y un aumento salarial del 100%. El plantón en el Zócalo se convirtió en epicentro de las movilizaciones, acompañado de bloqueos intermitentes en Paseo de la Reforma, calles del Centro Histórico y accesos al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM).
Una negociación estancada
Durante los 17 días de movilización, representantes de la CNTE sostuvieron reuniones con funcionarios de la Secretaría de Gobernación, la Secretaría de Educación Pública y la Secretaría de Hacienda. El gobierno federal ofreció una bolsa de 800 millones de pesos para el ciclo escolar siguiente y se comprometió a formalizar el proceso de recategorización de plazas en Oaxaca. También se planteó revisar la permanencia de la USICAMM —instancia que regula las plazas docentes—. Sin embargo, estas propuestas fueron consideradas ambiguas o insuficientes por varios sectores del magisterio.
Según fuentes del movimiento, no se presentó una propuesta económica concreta ni un calendario verificable para atender las demandas principales. Esto generó molestia en la base sindical, que acusó al gobierno de simular un diálogo sin compromisos reales.
Una votación dividida
La Asamblea Estatal realizada en Oaxaca el 31 de mayo fue tensa. La mayoría de las regiones del Istmo, la Mixteca, la Sierra y Tuxtepec votaron por levantar el paro, mientras que delegaciones de Valles Centrales, Costa y Cañada preferían continuar. Al final, se impuso la opción del receso con la promesa de mantener la organización para futuras acciones.
Aunque la Sección 22 ya aprobó su retiro, la fecha concreta para desalojar el Zócalo no se ha hecho pública. La decisión deberá ser ratificada por la Asamblea Nacional Representativa (ANR), que reúne a todas las secciones estatales de la CNTE.
Protesta, desgaste y presión política
La decisión de levantar el plantón se tomó a escasas horas de las elecciones judiciales del 1 de junio. La CNTE había advertido con boicotear esta jornada electoral si no se atendían sus demandas, lo que sumó presión al gobierno federal. Además del factor electoral, el desgaste físico y político de mantener una protesta prolongada bajo el sol capitalino, junto con la crítica social a los bloqueos, llevó a replantear la estrategia.
El plantón fue duramente criticado por comerciantes del Centro Histórico, usuarios del AICM y automovilistas afectados por los cortes de circulación. Aunque el movimiento recibió apoyo de organizaciones sociales y aliadas sindicales, también enfrentó rechazo de sectores ciudadanos que consideraron los métodos desproporcionados.
¿Repliegue o nueva fase?
Más que una derrota, el levantamiento del plantón podría interpretarse como un repliegue táctico. La Sección 22 conserva una estructura organizativa fuerte y capacidad de movilización. Ha reiterado que su lucha no termina y que seguirán presionando hasta obtener respuestas reales.
La protesta reavivó el debate sobre el sistema educativo, los derechos laborales del magisterio y la capacidad del Estado mexicano para dialogar con los movimientos sociales. Queda por ver si las negociaciones derivarán en cambios estructurales o si, como ha ocurrido en el pasado, el conflicto volverá a las calles. ⑧


