¿Prohibir canciones puede frenar la violencia o solo tranquiliza conciencias?
Los escenarios del país no solo se llenan de música y luces, sino también de tensiones sociales y políticas. El debate sobre la censura a los narcocorridos —y su versión actual, los corridos tumbados— ha tomado fuerza en las últimas semanas. Todo se encendió tras un concierto en Jalisco, cuando Los Alegres del Barranco rindieron homenaje, sin disimulo, al líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, alias “El Mencho”. El gesto no solo provocó indignación social, sino que encendió alarmas institucionales por la normalización pública del crimen organizado.
Poco después, en la Feria del Caballo de Texcoco, otro episodio avivó la polémica. El cantante Luis R. Conríquez, figura del regional mexicano, omitió de su repertorio las canciones que hacen apología al narco, en cumplimiento con las nuevas disposiciones del Estado de México. ¿La respuesta del público? Abucheos, gritos y hasta destrozos.
A raíz de estos incidentes, varios estados del país han comenzado a tomar medidas más estrictas. Jalisco, Estado de México, Baja California, Chihuahua, Nayarit, Morelos, Quintana Roo y, próximamente, Aguascalientes —durante la Feria de San Marcos— ya aplican o planean aplicar sanciones, multas o incluso prisión por interpretar públicamente canciones que glorifican al narcotráfico.
Aquí es donde hay que poner pausa y pensar: ¿estas prohibiciones son una respuesta real frente a la violencia estructural del país? ¿O se trata de una estrategia para simular acción frente a una ciudadanía desesperada?
Sí, hay algo preocupante en cómo ciertas canciones convierten a criminales en figuras aspiracionales, en modelos a seguir. No soy fan de la llamada narcocultura. En un país donde los homicidios, desapariciones y extorsiones son parte del día a día, el peso simbólico de estas expresiones, sobre todo en jóvenes, no puede minimizarse.
Pero responsabilizar a la música por la violencia que vivimos es no solo simplista, sino también peligroso. Es abrirle la puerta a la censura estatal. Y ojo: estamos frente a un Estado que se presenta como democrático, pero tiene impulsos autoritarios cada vez más visibles.
¿Hasta dónde puede o debe llegar el gobierno al intentar regular la cultura? ¿Dónde termina el arte y empieza el delito? ¿Y quién decide?
La libertad de expresión no es absoluta, es verdad. Puede y debe regularse en contextos muy específicos. Pero censurar un contenido artístico por su tema, sin atender los problemas de fondo que lo inspiran, es dispararle al mensajero.
Muchos de estos músicos narran lo que ven. Pueden gustarte o no, pero el entorno que describen es real. Y pretender erradicar la violencia prohibiendo canciones, sin políticas de seguridad claras, sin inversión social, sin fortalecer el Estado de derecho y sin combatir la impunidad… es como querer apagar un incendio soplando.
En lugar de prohibir, ¿por qué no educar? ¿Por qué no fomentar pensamiento crítico, formación artística, otras narrativas dentro del regional mexicano que sí existen pero no se promueven?
Porque claro, eso cuesta. Y cuando se trata de invertir en educación, ya sabemos que el presupuesto tiene otros destinos más… rentables políticamente.
Claro y de Frente
El debate no es solo si deben prohibirse los narcocorridos. Es si hacerlo realmente tendrá un impacto en la violencia que vivimos… o si es solo una pastilla para calmar a la opinión pública.
Censurar debe ser el último recurso, no el primero. Y si se va a hacer, tiene que ser con reglas claras, fundamentos jurídicos y responsabilidad democrática. La censura no es un juego. Y el riesgo de que se normalice está más cerca de lo que parece.
¿Estamos enfrentando el problema de fondo… o solo silenciando el altavoz que lo nombra? Usted, lector, tiene la última palabra.
Las opiniones aquí vertidas son el punto de vista personal del autor y no necesariamente representan la posición oficial de Hedosapiem, sus editores o colaboradores.



2 Comentarios
Excelente punto de vista.
La censura lo único que genera descontento y por consecuencia eso que estas tratando de censurar se multiplicará.
No promuevo este tipo de corridos, pero promuevo la libertad de expresión. El problema del narco no se origina por los narco-corridos, estos solo describen lo que se esta viviendo. Si queremos parar los narco corridos, denle otra cosa que cantar a los artistas.
Me encantó el tratamiento de este tema tan espinoso. Considero toca vértices básicos del asunto, pero no todos.
Efectivamente, estamos SILENCIANDO al altavoz, PERO las mentes de millones de jóvenes ya están encausadas hacia la violencia y el dinero fácil. Y esto, requiere de una operación quirúrgica desde varios niveles, a los cuales tal vez las autoridades no permitan llegar de tajo.
Educación? Cómo desvirtuar todo ésto, sin armas (maestros concientes, sociedad con deseo de cambio, formas de vid a dignas SIN QUE SEAN OBSEQUIO PARA CONSERVACIÓN DE VOTOS?
Considero sí debe haber censura, pero acompañada de otras medidas.
Y considero también que deben elevarse más voces, como la tuya.