«No fue el Estado»: La evasión del Gobierno mexicano frente a la crisis de desapariciones oculta su responsabilidad total, tanto por acción como por omisión.
Que México es el país donde “no pasa nada” ya es un chiste demasiado repetido. Pero cuando hablamos de la tragedia de más de 125,000 personas desaparecidas en los últimos seis años, ese “no pasa nada” se convierte en una burla macabra. A estas alturas, los números son tan grandes que su magnitud parece inalcanzable, casi imposible de comprender. Pero ahí están: frías, brutales, irrefutables.
Desde 2019 hasta marzo de 2025, México registra oficialmente más de 125,000 personas desaparecidas, con Jalisco, Estado de México y Tamaulipas liderando la lista de los estados más afectados. Solo en los primeros cinco meses del gobierno de Claudia Sheinbaum desaparecieron 6,726 personas: más de 40 al día. Y ojo, la mayoría son jóvenes entre 15 y 34 años. Este panorama, que debería escandalizarnos a todos, tristemente se ha vuelto un paisaje cotidiano.
¿Qué hizo el gobierno mexicano cuando la ONU se atrevió a señalar la obviedad? Negar, confrontar y, como siempre, lanzar la consabida frase: «En México no hay desaparición forzada desde el Estado». Eso lo dijo Claudia Sheinbaum, y lo repitieron Luisa María Alcalde y, por supuesto, Gerardo Fernández Noroña, quien calificó de “maniobra política” cualquier crítica externa.
Aquí viene lo interesante: técnicamente, desde el discurso político, pueden decir que “no es el Estado”. Técnicamente. Pero la realidad es mucho más compleja, y mucho más dolorosa. El Estado moderno, y especialmente el mexicano, tiene algo que muchos en el poder parecen olvidar: el monopolio legítimo de la fuerza. Así lo establece el Artículo 21 Constitucional: la seguridad pública es responsabilidad exclusiva del Estado.
El pacto social es claro: tú y yo, como ciudadanos, renunciamos a nuestro derecho a defendernos para cedérselo al Estado. Renunciamos a tomar justicia por nuestra cuenta porque se supone que el aparato público es el encargado de nuestra seguridad. Si el Estado falla en eso, ¿quién es el responsable? El Estado, absoluta y totalmente.
No importa si las desapariciones las cometen policías, soldados, funcionarios públicos o el crimen organizado. Lo esencial, lo que el gobierno mexicano sigue ignorando, es que si el Estado falla en protegernos, si permite la impunidad y la colusión, si no investiga ni resuelve, se convierte en cómplice.
En medio de esta tragedia han surgido verdaderos héroes y heroínas. Más de 200 colectivos de búsqueda, como las Madres Buscadoras de Sonora o el colectivo Solecito de Veracruz, que con palas, picos, coraje y casi ningún apoyo oficial, han encontrado cuerpos y hasta recuperado personas que el Estado no supo o no quiso buscar. Sin embargo, más de 20 buscadores han sido asesinados desde 2019. Y la respuesta oficial es siempre el silencio incómodo.
Este no es un ataque a Morena, ni a Claudia Sheinbaum, ni a ningún partido político en particular. Es una crítica directa y brutal a un gobierno que prometió muchas cosas, pero que en la práctica ha mostrado una alarmante ineptitud e indiferencia en cuanto a desapariciones y seguridad pública.
Quizá, en lugar de confrontar a la ONU, los políticos deberían visitar los campos de Jalisco, Tamaulipas o Veracruz, donde los colectivos, desesperados, cavan en la tierra buscando respuestas. Tal vez ahí, frente a la evidencia palpable del fracaso del Estado, puedan finalmente aceptar lo que han estado negando: la responsabilidad de proteger, prevenir y, sobre todo, no volver a decir «aquí no pasa nada».
Porque sí pasa. Y pasa demasiado. ⑧
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