Domingos de culpa y Excel emocional

Hay una nueva pandemia entre nosotros y no, no hablo de virus ni de modas feas resucitadas por TikTok. Hablo de la necesidad enfermiza de “aprovechar el tiempo” hasta en domingo.

¿Descansar? ¿Ver una serie con la misma pijama de hace dos días? ¿No contestar mensajes? ¡Horror! Porque si no hiciste meal prep, limpiaste la casa, hiciste journaling, leíste un libro y programaste tu semana en una app color pastel, aparentemente fracasaste como adulto funcional.

Perdón, pero… ¿desde cuándo descansar se volvió un pecado capital? ¿En qué momento “no hacer nada” dejó de ser un derecho básico para convertirse en señal de pereza o falta de ambición?

No me malinterpreten. Me encanta ser una mujer organizada. Me excita más una lista de pendientes tachados que una escena de Bridgerton. Pero eso no significa que viva esclavizada por la tiranía de la hiperproductividad.

Porque hay algo que no te dice el influencer con fondo blanco y sonrisa de “yo sí tengo mi vida resuelta”: no todo tiene que ser útil, monetizable o instagrameable.

Tomarte una hora para mirar al techo, llorar sin motivo o simplemente existir sin aportar nada al PIB, también cuenta. A veces lo más productivo que puedes hacer es mandarte al demonio con cariño y darte chance.

Así que si hoy es domingo, y estás leyendo esto con el café frío, el cabello en caos y el sillón hundido… felicidades. Estás viva. Estás descansando. Y eso, querida, ya es un acto de rebeldía.

Hasta la próxima entrega. Yo me voy a seguir no haciendo nada, pero con toda la intención.


La Tía Sarcástica no está disponible para juntas los domingos. Ni los lunes. A veces los martes tampoco.

Deja un comentario

Descubre más desde Hedosapiem

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo