Indignación y sueños rotos

Ha sido muy difícil para mí escribir sobre este asunto en particular. No dejo de pensar en los jóvenes que respondieron a aquel anuncio de empleo con la ilusión de obtener un trabajo bien pagado que les permitiera mejorar su situación económica y la de sus familias, sin saber que todo se trataba de un engaño.

El descubrimiento, realizado por el colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco, del Rancho Izaguirre en Teuchitlán, Jalisco, ha revelado un centro de entrenamiento y exterminio operado presuntamente por el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). En este lugar se encontraron restos humanos, hornos crematorios y pertenencias de las víctimas, lo que ha generado una profunda conmoción en la sociedad mexicana.

En México, los cárteles han implementado estrategias de reclutamiento que incluyen ofertas de trabajo falsas publicadas en redes sociales y plataformas de empleo. Estas ofertas prometen empleos estables, buenos sueldos y beneficios atractivos, dirigidas especialmente a jóvenes en situaciones económicas difíciles, algunos asegurando pagar hasta cinco mil pesos a la semana durante el periodo de entrenamiento.

Al responder a estas supuestas oportunidades laborales, las víctimas son llevadas a centros de entrenamiento del cártel, donde se les retiene bajo coerción, se les priva de su libertad y se les somete a prácticas de adoctrinamiento que incluyen abuso físico y psicológico, con el fin de integrarlos a las filas del crimen organizado en contra de su voluntad.

Los testimonios de sobrevivientes indican que, al llegar al supuesto lugar de trabajo, las víctimas eran despojadas de sus pertenencias y trasladadas a sitios aislados, donde eran sometidas a entrenamientos violentos y condiciones infrahumanas. Aquellos que no soportaban el adiestramiento o se negaban a participar eran asesinados y sus cuerpos incinerados en los hornos crematorios del rancho.

Para deshumanizarlos y mantener sus identidades ocultas, se les asignaba un apodo con el cual eran identificados por quienes operaban el rancho y por sus compañeros. Ese apodo representaba su nuevo «yo» en un mundo al que no pertenecen, pero en el que fueron forzados a participar.

Este caso ha evidenciado las técnicas de reclutamiento de organizaciones cada vez más grandes y con la urgente necesidad de ingresar a sus filas a nuevos miembros para seguir creciendo. Cuando los nuevos miembros voluntarios se agotan, entonces recurren a reclutar de manera forzada.

También ha evidenciado la complicidad de las autoridades, ya sea por inacción o por colusión, porque para el caso es lo mismo. Esta complicidad le ha permitido a estas organizaciones criminales crecer de manera desmedida y generar escenarios como los del Rancho Izaguirre.

Solo basta con escuchar las declaraciones de los personajes en las más altas esferas del poder político en México para darse cuenta de que no quieren ver ni oír, porque en esta ocasión ya no les conviene ver ni oír.

«Ya déjenlo en paz» – Claudia Sheinbaum Pardo, actual presidenta de México

Personajes que llegaron a los puestos más altos del poder político en México montados en la indignación de millones de ciudadanos por los miles de desaparecidos en el país. Estos mismos personajes ahora actúan como si el tema les pareciera incómodo o intrascendente.

«Hay 200 zapatos ahí, sí, sí, sí, pero, ¿quién dice que esos zapatos son de personas desaparecidas?» «…todo es especulación» – Gerardo Fernández Noroña, actual presidente del Senado de la República

Como respuesta a la presión ejercida por las manifestaciones en la Ciudad de México y en todo el país durante el fin de semana, el día de ayer, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció reformas legales para mejorar la identificación y búsqueda de personas desaparecidas en México. Estas medidas buscan unificar los registros de identificación y forenses en todo el país, integrar datos de fiscalías y servicios forenses, y publicar cifras mensuales de desapariciones. Además, se equiparará la desaparición forzada con el secuestro con lo que supuestamente se agilizará la apertura de investigaciones.

Los sueños rotos de cientos de jóvenes del Rancho Izaguirre en Teuchitlán, Jalisco, resuenan en las mentes y corazones de los mexicanos como evidencia de que les hemos fallado. Les falló el Gobierno al no cumplir con su obligación de protegerlos, les fallaron los empresarios al no ofrecer empleos bien remunerados y con posibilidades de desarrollo, les falló la sociedad al no abrazarlos en su búsqueda de mejores oportunidades y condiciones de vida.

Ahora se debe hacer justicia identificando a las víctimas, así como castigando a los culpables y a sus cómplices. No debemos fallarles de nuevo.


Las opiniones aquí vertidas son el punto de vista personal del autor y no necesariamente representan la posición oficial de Hedosapiem, sus editores o colaboradores.

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